Seguramente has oído que tener demasiadas opciones te hace elegir peor, y que por eso las apps de citas dan la sensación que dan. Es una explicación ordenada. También es más frágil de lo que parece: la versión que sobrevive a la evidencia es más concreta, y más útil, que la que circula.
La afirmación general no sobrevivió a su propio metaanálisis
La idea viene de una serie de experimentos famosos en los que quienes tenían delante muchas variedades de un producto compraban menos que quienes tenían pocas. Se extendió rápido porque explica una sensación que todo el mundo reconoce. Pero en 2010, Scheibehenne, Greifeneder y Todd reunieron en el Journal of Consumer Research 63 condiciones de 50 experimentos con 5.036 personas, y encontraron un tamaño del efecto medio prácticamente nulo, con mucha variación entre estudios. Algunos hallaron una sobrecarga de opciones fuerte. Otros hallaron que más opciones ayudaban.
Así que la versión general —más opciones, peores resultados, siempre— no es algo que la evidencia sostenga. Si un artículo abre con el experimento del supermercado y da el asunto por cerrado, se ha saltado justo la parte en la que el campo lo comprobó.
Las citas, en cambio, se midieron aparte
Aquí es donde se pone interesante, porque los hallazgos específicos sobre citas no van de felicidad en absoluto. Van de a qué le prestas atención.
Lenton y Francesconi analizaron en Psychological Science 84 eventos de citas rápidas: 1.868 mujeres y 1.870 hombres. A medida que subía el número de personas en un evento, quienes elegían se desplazaban hacia características que se leen en un segundo y se alejaban de las que necesitan una conversación para quedar claras. La altura y el peso ganaron peso en la decisión. La ocupación y los estudios lo perdieron.
Nadie en ese estudio decidió volverse superficial. El desplazamiento es lo que hace una persona cuando hay más que revisar que atención para gastar. En una app de citas la misma presión no dura una noche, sino que es constante, y los rasgos que se leen en un segundo son exactamente los que lleva una foto:
- Cara, cuerpo, edad aparente: visibles antes de haber leído una palabra
- La altura, si está escrita, porque es un solo número
- Si las fotos parecen caras, que es una suposición sobre la clase social
- Cualquier cosa con una bandera, una insignia o un cargo colgando de ella
Cuanto más miras, más descartas
Pronk y Denissen hicieron tres estudios sobre esto, publicados en Social Psychological and Personality Science. A lo largo de una sesión juzgando posibles parejas, la probabilidad de aceptar a cualquiera de ellas cayó alrededor de un 27 % entre la primera persona mostrada y la última. Lo llaman mentalidad de rechazo: cuantas más opciones recorres, más pesimista te vuelves respecto a todas.
La implicación incómoda es que quien aparece tarde en tu sesión no está siendo juzgado por lo que vale. Lo juzga alguien que lleva cuarenta decisiones encima. Mueve a esa misma persona al principio y el mismo perfil sale mejor parado.
Y la satisfacción posterior
D'Angelo y Toma midieron lo que viene después: 152 estudiantes universitarios eligieron pareja de un conjunto de 24 o de 6, y una semana más tarde se les preguntó cuánta satisfacción sentían. Quienes habían elegido entre 24 estaban menos satisfechos con la persona elegida. Conviene decirlo claro: es una muestra pequeña de estudiantes en un laboratorio, no un estudio de relaciones reales, y hay que leerlo como una sugerencia y no como un hallazgo sobre tu vida.
Juntando los tres, el resumen honesto queda estrecho. Una fila larga no te hace infeliz por sí sola. Cambia qué partes de una persona pesas, hace que descartes más según avanzas, y puede dejarte menos tranquilo con la elección que sí hiciste.
Qué dice esto y qué no dice
- No dice que menos opciones produzcan mejores relaciones. Nadie lo ha medido.
- No dice que seas superficial. Dice que la atención es finita y se gasta.
- Sí dice que el lugar en el que alguien aparece en tu fila afecta a cómo lo juzgas.
- Sí dice que los rasgos que tardan en notarse pierden cuando no hay tiempo.
Es una afirmación más pequeña que la que sueles oír, y más accionable. El problema no es la abundancia en abstracto. Es que una fila rápida reajusta en silencio el peso de tus criterios hacia lo que se puede juzgar más rápido.
Qué puedes hacer al respecto
Nada de esto exige borrar nada. Exige gastar atención a propósito en lugar de repartirla hasta que no quede nada por persona.
- Decide de antemano a cuántas personas vas a mirar de una sentada, y para ahí en vez de parar cuando te aburras.
- Fíjate en qué punto de la sesión estás. Si has dicho que no once veces seguidas, el juicio número doce habla de ti, no de la otra persona.
- Abre el perfil antes de decidir. Leer dos frases es la manera más barata de dejar que un rasgo lento compita con uno rápido.
- Cuando algo te dé curiosidad, actúa ese mismo día. La curiosidad no sobrevive a quedarse en la fila.
En Qulo la fila es más corta por diseño, porque llegar a alguien pasa por responder las preguntas que esa persona ha escrito sobre sí misma: de 2 a 4 en el plan gratuito, hasta 10 con un plan de pago, cuatro opciones cada una, y todas las respuestas tienen que ser correctas. Es un precio deliberado en atención, y es lo contrario del barrido rápido que describe la investigación. No hace a nadie más compatible; solo significa que lo primero que haces con una persona es leer algo que escribió, en vez de ordenar una foto.
El hallazgo nunca fue que la elección haga infeliz a la gente. Fue que la atención se agota, y que se juzga lo que se puede juzgar más rápido.